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“Sol de Mayo” fue el primer Almacén de Ramos Generales de la zona

Federico Sabalette
Federico Sabalette
24 Minutos de lectura
A fines del mes de junio pasado dábamos cuenta que en el marco del ciclo “Cultura Ramos Generales. Cartografía de las Pulperías Bonaerenses” de la Provincia, se había realizado una charla-homenaje al Almacén “Sol de Mayo” como forma de rescatar su valor histórico y cultural. En su realización si bien se recordó a la Pulpería y Almacén Sol de Mayo no fue mucho lo que se dijo sobre sus fundación y propietarios, razón que nos motivó a realizar esta nota a partir de testimonios de descendientes de las familias Gallastegui y Rollie. Nuestros entrevistados no supieron decir del nombre de “Sol de Mayo”, tampoco otras personas que consultamos, pero se podría colegir que fue en honor a la gesta de 1810. En cuanto al Almacén y su fundador, don Federico Gallastegui, su nieta, la señora Angélica Roch nos decía que su abuelo había llegado de España con solo 17 años para trabajar en Coronel Pringles con su tío de apellido Guínea, y que cuando éste se vino a Dolores había venido con él y comenzado con el “Sol de Mayo”, una de los primeros Almacenes Generales en la zona rural que hubo en la región (la otra era “El Aragonés” de la familia Roch, ubicada en donde actualmente está la Villa). Que junto a don Federico había trabajado su hermano Pedro, a quien su abuelo había pagado el pasaje para que viviera al país, siendo socio en el Almacén hasta que se dedicó al campo. Que el edificio del Almacén había sido levantado con el esfuerzo de ambos y sus familias, el primero junto a su esposa Juana Legarda (oriunda de esa zona) y el segundo acompañado de su señora Estela Fontana. Nos recordaba también, que su abuelo Federico había estado al frente de la actividad comercial en el Almacén por más de 40 años, que se lo había vendido a los señores Ervitti y Telechea, que eran cuñados, quienes a su vez se lo vendieron a Rodolfo Rollié. Charla con el Sr. Horacio Rollie: El hijo de don Rodolfo y quién vivió hasta su adolescencia en el Almacén “Sol de Mayo”, nos decía que su padre le había comprado a Ervitti y Tellechea el Almacén, quienes habían estado poco tiempo a su frente, cuatro o cinco años. Recordaba que su padre en 1955 había buscado independizarse, que quería comprar campo, que le habían dicho de uno que se vendía estaba en la zona de “Sol de Mayo”, que con ese motivo había llegado hasta el Almacén, que a “su papá, que era muy comerciante, le había interesado cuando le ofrecieron vendérselo”, que después de revisar el campo y no haberle gustado regresó e hicieron negocio por el Almacén. Que había comprado 40 hectáreas y negocio, comenzando a trabajar en esa la zona que era muy grande, “tenía muchas chacras, había más de 40 familias viviendo en las chacras”. “Cada chacra tenía una casa y en cada casa había familias numerosas, 3, 4, 5 hijos”, puntualizaba Rollié, y agregaba, “todas las chacras trabajaban la tierra. Los principales eran dos o tres tamberos, lecheros, la familia Cretón que repartía la leche en Dolores y a su vez levantaban la leche que ordeñaban los vecinos, la que luego vendían en el centro (de la ciudad) o llevaban al Frigorífico Bodini”. “Yo también entregaba leche (resaltaba nuestro entrevistado), ordeñaba 15 o 20 litros de leche, era muy chico, se la traía a Desiderio Cretón que la pagaba y en un charret todos los días hacía el reparto, en invierno y verano y tipo 12:30 pasaban de nuevo para la casa. Llevaba dos caballos en el charret porque el camino hasta salir a la ruta era muy feo. En esa época, hasta los años 60’ se venía por el camino viejo hasta el Puente Escobar”.
  • ¿El empresa de colectivo de Dávila pasaba por ahí?
Si, pasaba por Sol de Mayo, por el camino, y en la Estancia que era de Justo y que ahora es de Pinasco, el camino entraba hacia la derecha, pasaba por la puerta de la estancia, iba entre los campos y salía al Camino del Monte, hacia Villa Roch, que era el camino que iba a La Costa. El camino que ahora le decimos “Calle Corta”, era el camino real hasta que se hizo la Ruta 63. La Galera (de Dávila) creo que nunca pasó por la Ruta 63, iba por el camino de tierra. Donde está la estancia de Pinasco había un puente igual que el Puente Escobar, de madera, donde pasaba un canalcito, y se pasaba por ahí.
  • ¿La Ruta 63 se hizo cuando ustedes estaban en el Almacén?
En el 50 y pico se estaba haciendo. En 1957 se empezó a levantar la tierra, a marcar y hacer el camino y los terraplenes; antes ese camino era muy malo, se encajaba todo el mundo. Ya en 1960 hasta Sol de Mayo había camino de tierra levantado, y a partir de ahí se empezó a asfaltar, desde 1965 se empezó con el asfalto, en 1970 había asfalto hasta la Esquina de Crotto. La compañía estuvo muchísimos años trabajando, era muy chica y el camino fue muy costoso, había inundaciones y las maquinas eran viejas. Después empezaron a llegar las primeras máquinas modernas. Hasta Sol de Mayo había camino y se podía llegar, pero más adelante los camiones pesados no podían seguir.
  • ¿Algo en particular que tenga presente en su memoria?
Cuando trajeron la primera topadora oruga marca Caterpillar, impecable, la bajaron en Sol de Mayo. Yo tenía 9 o 10 años, aprendí a manejar esa máquina. Llegaron dos tractores nuevos también, que compró la Compañía. La primera motoniveladora moderna, que la manejaba (el Negro) Contardo, llegó en 1960 más o menos. Todo el Campamento estaba en el Almacén, yo me subía a la maquina con Contardo, salía de la Escuela y a subir a la máquina, ahí aprendí a manejar. Había unos tractores muy chiquitos, oruga, que llevaban “patas de cabra” atrás, se manejaban todos a palanca, y uno de los que manejaba era González, que el hijo está ahora en la Municipalidad (de Dolores). Yo tenía 10 años y me llevaba arriba del tractor y que manejara. Otro muchacho Valdevalle, que todavía vive acá, manejó una de esas máquinas del camino. Los demás ya no están, pasaron 60 años.
  • ¿Con el camino se intensificó el paso de turistas hacia la Costa Atlántica?
Cuando empezó a haber camino, alrededor de 1960, la gente viajaba a La Costa, ya florecía ese sector. Los Dávila tenían un “Yeepón” canadiense. Un año de mucha inundación, cuando se estaba haciendo el camino se largaron de Salomón a Sol de Mayo por las quintas, habían roto todo el camino, todas las calles de la quinta con la doble tracción, y pasando Sol de Mayo subieron a la ruta. Era pleno invierno, y tenían que ir a La Costa a llevar el correo. También me acuerdo antes de 1960 los primeros Colectivos de Dávila, que iban para Conesa, Lavalle y La Costa. Después compraron un Colectivo viejo de larga distancia, lo pintaron, decía “La Central” e iba a La Costa, era lo único que andaba para ir allá. Y la gente de Dolores que iba a La Costa, de la Ferretería Petazzi llevaban materiales para la construcción en un camión canadiense doble tracción. Sol de Mayo era la primera posta de ida y la ultima de regreso.
  • ¿Qué vendían en el Almacén?
Productos del almacén y carnicería, carneábamos. A Papá le gustaba carnear, carneaba de 3 a 4 animales por semana, para el consumo local, de la zona y de Dolores. Teníamos un reparto de carne en Dolores 3 días por semana, se hizo hasta el día que papá vendió. El carnicero que trabajaba con él era Cepeda, que después puso carnicería y la llamo “Sol de Mayo”, en calle Belgrano.
  • Me contaban que en la época de Don Federico Gallastegui juntaban la correspondencia para todo el vecindario. ¿Con ustedes fue igual?
Si, en la Casilla de Correo 8, ahí llegaba la correspondencia de toda la zona. Todos los días había que venir a Dolores con la llave hasta la Casilla y retirar la correspondencia. En el Almacén en la estantería había un lugar para poner las cartas que todavía debe estar. Las personas que iban a comprar decían casi siempre, “me parece que me tiene que llegar una carta”. Si era una carta muy urgente se la alcanzaba el que podía.
  • ¿Abrían temprano, estaban abiertos hasta cuándo?
Se abría temprano y estaba todo el día abierto, en verano se cerraba un par de horas a la siesta. El Almacén trabajaba con la zona, se jugaba al truco y a las bochas, del barrio venían a comprar los vicios y jugaban a las bochas, y a la noche al truco, había dos o tres mesas, era una costumbre. El Club (Sol de Mayo) primero estaba enfrente, en la chacra que era de Gabotto, había un salón chico y la Comisión decidió construirlo al lado del Almacén, donde desgraciadamente hace unos años se quemó. Ese terreno lo había comprado un tal Frigerio, de La Plata, que ofreció donar parte de su chacra para que hicieran el Club sobre la ruta, que ya estaba, donó 50 metros por 30 de frente, pero a la escritura la tenía que pagar el Club, algo que nunca se hizo, hubo un conflicto por eso. El barrio colaboró y se construyó el salón, yo tenía 10 años cuando empezaron a marcar la zanja para hacer los cimientos, la familia Oldoni levantó el Club. Empezó a funcionar ahí, los días de semana se jugaba al truco en el Almacén y los fines de semana en el Club que estaba abierto. Un día en el Almacén cuando había mucha gente hubo un desacuerdo entre vecinos, que llegó a una discusión con arma blanca, con un herido. Mi padre le dijo a los 20 que estaban presentes “acá nunca más se va a jugar un partido de truco” y rompió el mazo de cartas delante de la gente. Y nunca más se jugó al truco ni a las bochas. Antes eran las doce de la noche y se estaba jugando al truco, la gente llegaba en sulky, a pie, en bicicleta, en moto, a caballo, había dos palenques para atar los caballos.
  • ¿Los turistas paraban en el Almacén?
Si. Cuando empezó a pasar la gente para La Costa los turistas paraban, porque hasta “El Centinela” (kilómetros al Este de Conesa) no había otro lugar para parar. Papá como buen comerciante empezó a buscarle la vuelta, con todos los productos de la zona como verduras, huevos, pollo, lechones, quesos que se fabricaban: La cantidad de huevos que se vendían era impresionante, la gente llevaba para La Costa. Cuando se hizo el Hotel El Muelle en Mar de Ajó se proveía de Sol de Mayo, el dueño venía dos veces por semana a llevar los productos. La gente paraba a comprar cuando iba hacia La Costa y cuando volvía hacia Buenos Aires, familias enteras. Era antes del año 70’, se llegó a repartir carne hasta La Costa.
  • ¿Trabajó a la par de su padre?
Claro, tenía 9 años y atendía solo el almacén. Mi madre se había enfermado y se tuvo que ir con la familia a Castelli para un tratamiento. Papá venía en el charret a Dolores a comprar los vicios, salía a mediodía y volvía a las cinco de la tarde. Yo me quedaba atendiendo en el Almacén, anotaba todo a los del barrio, y a los de afuera les cobraba. Había 30 libretas, la gente compraba y se anotaba en la libreta de ellos y cada tanto pagaba, también con el famoso trueque. Cuando llegaba alguien al Almacén, saludaba y mi viejo le decía “¿qué va a tomar primero?”, y le convidaba la copa, el despacho de bebidas era famoso, él era comerciante, las cobraba (risas). Las botellas estaban sobre el mostrador, había algún mañero que cuando uno se retiraba se servía solo; y papá decía “no le dejes la botella de caña mira que se sirve” (risas). Cosas sanas, cuentos lindos.
  • ¿Recuerda personajes de ese barrio rural?
Había muchos en el barrio. Mario Platini por ejemplo, era tan grandote que calzaba 48, tenía que cortar las alpargatas, metía la punta del pie y el talón parecía un ladrillo. Le mandábamos a hacer a medida las alpargatas porque si no, no le entraban. En ese momento venían atados de alpargatas de 24, se compraban dos docenas de cada número, y las de Mario eran enormes, no se conseguían a veces. Tan grandote era que para sentarse usaba dos bancos, había uno de madera que estaba hecho a su medida. Se sentaba a jugar al truco y se desparramaba, ¡las cosas que le hacían!. Don Luis Sotelo vivía enfrente, era marido de Pepa Viera, que tocaba el acordeón. En invierno iba antes de las 8 de la mañana y pedía en ayunas una ginebra, una copa que eran 150 o 200 cc, ginebra blanca, Bols, en ayunas todas las mañanas. Y si llegaba alguien más y lo invitaba se tomaba otra, pura y en ayunas. Había un paisano de apellido Pano, analfabeto, muy gaucho, que estaba en el campo de los Uriarte. ¡Como peleaba con Papá! “Vos sos un pijotero de m… pagame la copa” le decía a papá. Este le dejaba la copa, se la anotaba y le dejaba contento.
  • ¿Cuánto tiempo estuvieron? Don Federico como 40, ustedes como 20.
Hasta 1978, cuando se lo vendimos a la familia Quinteros. -¿Años todos de mucho trabajo? Si, se trabajó mucho, sobre todo cuando empezó el movimiento hacia La Costa, se trabajaba día y noche sin descanso. A mí no me gustaba, Papá quería dejármelo al Almacén, pero yo no le tenía paciencia. A mí me gustaban los fierros. Mi padre me dijo que hiciera lo que me gustara y empecé con los talleres, me casé y me vine a trabajar a Dolores, puse el taller. Papá siguió con la parte ganadera en el campo, compró otro pedazo más (de tierra), le gustaba la hacienda. Se dedicaba más a la hacienda, en esa época en los remates capaz que comprabas una tropa el martes, el viernes la vendías y ganabas plata. Yo le decía que vendiera el Almacén, pero no quería. Hasta que lo puso en venta y se lo vendió a Quinteros. Papa en los 80’ se dedicaba solamente al campo, viviendo otra vida, sin estar todo el día en el mostrador.
  • ¿El volumen del movimiento comercial del Almacén llegó a ser muy importante?
Sin dudas. Una vez, junto con los mayoristas que había en Dolores esos años, Buyanowsky, Estrada y Tamayo, compraron un vagón de azúcar directamente de Tucumán, Papá compró 100 bolsas para el Almacén, compraba todo al por mayor, la fábrica venía a venderte a vos en esos años. Otra vez compró un chasis de un camión con bebida blanca, en 1965, porque la gente tomaba mucha bebida blanca, grapa, caña, anís. El fabricante era una firma de La Plata, “Mazoratti y Pontiroli”. El dueño, con quien años después tuve oportunidad de hablar por otro motivo, recordó haber mandado un chasis completo con bebida blanca desde la fábrica, de la destilería a Dolores. “Yo manejaba el camión” me dijo, y que no podía creer que un Almacén en el campo comprara eso. Si tomaría la gente bebida para hacer esa compra.
  • ¿Qué otras ventas recuerdan?
Al vino lo comprábamos en barriles, en lo (Bodega) Balbi, y lo pasábamos a damajuanas de 5 y 10 litros. Se lavaba la damajuana y se le ponía un corcho nuevo. Se vendía todo suelto, azúcar, harina, fideos, arroz, café, yerba, cascarilla. Había seis cajones grandes, cada uno con su producto. El vinagre también se pasaba de una damajuana de 10 litros a botellas para venderlo. El barrio ayudaba, porque se trabajaba mucho la tierra, familias numerosas y por más que fueran a Dolores compraban en el Almacén, que tenía de todo. Era Almacén de Ramos Generales. Batata, maíz, había trueque también.
  • ¿Cómo era la actividad entre vecinos en ese Barrio del Sol de Mayo?
En invierno, por ejemplo, cuando alguien carneaba un chancho iban vecinos a ayudarle. Se ayudaban mutuamente. Las carneadas de chanchos eran muchísimas en esa época. Tengo el orgullo de decir que en cada casa que hubo en Sol de Mayo me senté con el dueño de casa a cenar, a tomar mate, a comer tortas fritas, lo que sea. Era un vecindario y se compartía todo. Si el vecino hacía chorizos te convidaba, si tenía duraznos te regalaba, era una familia el barrio. Incluso había casamientos entre familias vecinas, fueron muy unidos. Si alguien precisaba algo estaba enseguida el vecino al lado. Si arabas la chacra tuya, arabas la del vecino de paso, después el vecino que sembraba te sembraba a vos, o ayudada a juntar la papa. Para cumpleaños, fin de año, se juntaba gente. La carneada de chanchos era una fiesta. Se discutía quién hacía el mejor chorizo, uno que compraba la pimienta en tal lado, otro que la sal la ponía en tal forma, todos tenían sus secretos.
  • ¿En qué se movilizaban en aquella época?
En los años 60’ cuando empezó a haber caminos empezaron a verse camionetas. Antes había un Ford A bajo un galpón porque no lo usaban, y un herrero, Eusebio Pizzini, tenía una camioneta que andaba por todos lados. Los únicos vehículos hasta entonces. En 1960 papá compro la primera camioneta y después otros vecinos hicieron lo mismo. Pero en la zona no había vehículos en esa época. Como la de papá era la primera camioneta, él hacia los servicios al barrio. En esa época todo el mundo se manejaba en sulky o en charret, entonces pasaban por casa y le encargaban para cuando fuera en la camioneta para el pueblo. Recuerdo haber ido en sulky con mi madre hasta Dolores por el Puente Escobar, antes de los 60’.
  • ¿Las inundaciones causaban más de un problema?
En esos años hubo problemas de agua, no había caminos, y las Estancias Santa Clara y Santa Lucia traían la hacienda a Dolores por arreo, para vender su producción. Venían con las vacas, en Sol de Mayo hacían la tropa, cargaban y se volvían con las vacas. En la rotonda de la Ruta 63, y calle Belgrano, se hizo un cargador de hacienda, venían las tropas hasta ahí, cargaban los terneros y volvían con las vacas hasta la estancia. Con los lanares pasaba lo mismo. Papa tenía dos o tres corrales, tenían que pedir turno para encerrar la hacienda del movimiento que había.
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