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La Sucesión de Eduardo Arolas

Federico Sabalette
Federico Sabalette
14 Minutos de lectura

por Pedro Guillermo Sabalette

 

Si bien anteriormente se ha escrito sobre la sucesión de Eduardo Arolas, entendemos que aspectos dignos de destacar de quién, como lo dijera Homero Manzi, “fue uno de los primeros embajadores artísticos de nuestro tango en París”.

La sucesión se inició a través del expediente nº 14.984 en el Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial nº 2 del Departamento del Sud (de Dolores), a cuya jurisdicción por entonces correspondía Mar del Plata, y lo fue a través de una presentación efectuada por la cuñada del compositor, Balbina Delia López de Arolas, una uruguaya de 45 años que indicaba ser la viuda de “Enrique o José” Arolas, fallecido en esa ciudad el 4 de junio de 1935.

En la presentación la mujer indicaba, que su esposo en vida había reconocido como hijo natural a Enrique José, nacido en Buenos Aires el 24 de noviembre de 1918, que la madre de éste era doña Francisca de los Santos, solicitándole por ello al Juez la tutela de ese hijo de su esposo, la que le fue otorgada en septiembre de ese año.

Esta mujer indica al inicio de la sucesión de su esposo, que en el acervo sucesorio además de una póliza de seguro, existían depositados en la Sociedad Argentina de Autores los derechos que correspondían a la ejecución de las obras musicales compuestas por el fallecido Lorenzo (Eduardo) Arolas.

Los padres de Eduardo Arolas, Enrique (agricultor) y Margarita Sauris o Saury (costurera), eran naturales de Salces (Perpignan, Francia), donde habían contraído matrimonio en 1882 y donde naciera su primer hijo “Henri” (el esposo de Balbina López). Luego se habían trasladado a Buenos Aires y habían vivido en el barrio de Barracas, donde había nacido el compositor.

Más adelante en la sucesión se vuelve a presentar esta mujer, indicando que al haber pretendido cobrar los derechos de autor en SADAIC, que le correspondían de su esposo fallecido por la obra de Eduardo Arolas, le habían indicado que para hacerlos efectivos era necesario que se hiciera el juicio sucesorio del músico. Que entonces había realizado una presentación judicial, indicando que este había fallecido en París el 29 de septiembre de 1924, y que “por los derechos que me pudieren corresponder y la tutela que desempeño de su único sobrino, vengo a promover su juicio sucesorio”.

En noviembre de 1935 se publica en el diario La Capital de Mar del Plata el edicto judicial del llamado de herederos y acreedores de Eduardo Arolas, y en diciembre Balbina Delia López solicita ser designada administradora provisoria de los bienes sucesorios.

Se incorpora a esta altura del trámite la partida de defunción (1) de Eduardo Arolas, registrada en la Prefectura del Departamento del Sena, en la Decimoctava Circunscripción de París y cuya constancia indica: “el 29 de septiembre de 1924, a las dieciocho horas cincuenta y cinco minutos, falleció en Boulevard Ney, Bastión 39, Lorenzo Arolas, domiciliado en Boulevard Crichy 42, nacido en Buenos Aires República Argentina, el 5 de febrero de 1892, músico…”. Esta constancia, expedida el 18 de julio de 1935, la firmaba Auguste Bontaix adscrito al Alcalde, Caballero de la Legión de Honor, existiendo el original en el expediente junto con una traducción realizada el 14 de agosto de 1936 por el Traductor Público Enrique Marval.

también por esta época se agrega al expediente sucesorio un contrato, donde Balbina López de Arolas, que por entonces vivía en la calle Independencia 1572 de Mar del Plata, cedía el 50 por ciento de los derechos de la obra autoral del destacado músico a la Empresa Southern Music International, cediendo “todos los derechos de propiedad literaria y/o musical para todos los países del mundo, como derecho habiente de todas las obras escritas” por Eduardo Arolas, “a los efectos de su reproducción, ejecución pública, publicaciones o explotación comercial, o en cualquier forma que sea”, percibiendo ella y el sobrino el 50 por ciento del ingreso por la explotación comercial de las obras, en cualquier forma en que esta se realizara.

Dado la fecha de la muerte del compositor, se plantea en el expediente para llevar adelante la sucesión de Enrique José Arolas, la necesidad de abrir el juicio de sucesorio de sus padres, fallecidos en Mar del Plata en febrero y diciembre de 1928, quienes eran junto a él los herederos de Eduardo, iniciándose así en el año 1937 esa sucesión.

Debido a los nombres originales de Eduardo Arolas y de su hermano Enrique José, y la forma en que ambos se hacían conocer, la viuda agregó a fs. 100 del expediente un gráfico demostrativo de la relación de familia, donde se detallan los nombre y los alias de los hermanos y de cómo indistintamente utilizaban el apellido Arola o Arolas.

Desde esta fecha y hasta noviembre de 1947 la sucesión no registra prácticamente novedades, presentándose en esa fecha el sobrino de Arolas siendo ya mayor de edad, junto con la viuda, para ratificar sus derechos.

En el año 1950 los herederos del compositor se presentan en la sucesión, patrocinados por el Dr. Adolfo F. Italiano, con estudio en Pellegrini 153 de nuestra ciudad de Dolores, a los fines de que “se determine el monto del haber sucesorio, a la época del fallecimiento del causante…”, indicando que lo único que lo integra es “el valor económico de la propiedad intelectual de sus obras musicales, de muy dificultosa determinación”, proponiendo como perito tasador al señor Homero Manzi, presidente de la Asociación Argentina de Autores y Compositores de Música (SADAIC).

Al realizar Manzi su pericia la presenta ante el Juez que entendía en la sucesión, el Dr. Raúl H. Costa Aldao, considerando en su extenso y minucioso trabajo que, “según las constancias de la documentación que he examinado a efectos de fundamentar la presente pericia, este compositor a utilizado en sus actividades artísticas el seudónimo de Eduardo Arolas, con el cual ha firmado toda su producción musical y con el cual se ha consagrado en los anales de la música popular argentina”.

Dice Manzi en uno de los tramos de su trabajo, “Arolas ha sido uno de los más reputados autores de composiciones musicales de carácter popular y bailable, destáncadose por la inspiración melódica y el ritmo de sus obras, algunas de las cuales han adquirido relativa notoriedad, como el tango ‘Catamarca’, ‘Derecho Viejo’…”, indicando también, que “a sus condiciones de fecundo autor unió la de excelente ejecutante e intérprete de la música popular. Como es sabido fue uno de los destacados ejecutantes de bandoneón, instrumento cuyo papel es fundamental entre la orquesta típica. Después de triunfar en nuestro país, tuvo descollante actuación en otros ambientes del extranjero…”, principalmente en París, “ciudad a donde se trasladara en 1921, y donde lo sorprendió la muerte”.

Las obras registradas de Eduardo Arolas son 54 temas, entre las que se destacan: “Una noche de garufa”; “De los bordoneos”; “El Marne”; “Adiós Buenos Aires”; “Lágrimas”; “Notas del Corazón”; “Papa caliente”; “La Cachila”; “Delia”; “Fuegos Artificiales”; “Rawson”; “La Guitarrita”; “Derecho Viejo”; “El Marne”; “Suipacha”; “Don Emilio”; etc.

Homero Manzi dice sobre ella, “para poder determinar el valor que, como fuente productora de ‘derechos de autor’, de su repertorio autoral, integrado por composiciones musicales de carácter popular, debe considerarse múltiples y complejos factores, siendo elemento básico de información los ingresos que han producido durante un mes determinado, las diversas formas de utilización de esa obra. En este caso, la labor de estimación se hace más difícil, por que el apogeo de la ejecución pública de las obras de don Eduardo Arolas se produjo varios años después de su deceso. Sus singulares páginas han ido impresionando al espíritu popular, exteriorizándose la multiplicación del uso de las mismas en las numerosas grabaciones fonográficas por renombrados intérpretes. Debe tenerse en cuenta que, en el cuarto de siglo transcurrido desde la fecha de su fallecimiento, han cambiado fundamentalmente las formas de utilización de las obras musicales…”.

Manzi puntualiza que “los derechos (de autor) constituyen el porcentaje mayor de los ingresos de los productos intelectuales; siguen en menor escala las regalías correspondientes a la venta de discos fonográficos; luego los derechos de edición, sensiblemente menores a aquellos; y por último, otros eventuales ingresos que produzcan las obras, tales como los derechos de inclusión en películas cinematográficas sonoras, etc.”, indicando que las “utilidades de las obras musicales radica actualmente, en los derechos de ejecución a través de la radio, las orquestas, el cine sonoro y los aparatos fonomecánicos”, y que a la fecha del fallecimiento de Arolas “esa productividad la determinan los derechos de edición, las regalías por venta de discos fonográficos y la de rollos para pianola”.

Dice en su pericia, que su experiencia en materia autoral le permitía afirmar que “toda producción musical tiene un limitado período de vida, y sufre una declinación constante del valor comercial y de productividad…”, precisando que cuando “ese repertorio no es renovado pierde interés popular. Solo muy pocas obras escapan a este proceso y continúan devengando derechos durante mayor término de tiempo. Tal es el caso de las composiciones de Eduardo Arolas, que han tenido una gran difusión…”, como surge de las liquidaciones de la Entidad Autoral.

Luego de evaluar los ingresos autorales de Arolas que por esos derechos habían producido en el lapso de agosto del 36 hasta julio del 40, la suma de $. 35.611,74 m/n.; que diez años después, en el período comprendido entre enero de 1946 a diciembre de 1949, habían producido $.122.420,66 m/n.; concluyó, que según esos resultados no era exagerado afirmar que en 1924 ese repertorio debió acreditar por ese concepto un importe bastante menor, concluyendo su pericia con una estimación de los mismos en $.15.000 m/n. a la fecha del deceso de Arolas.

Homero Manzi junto con su pericia estimó sus honorarios en la suma de $. 3.000 m/n. (un 20% del monto estipulado), importe que fue rechazado por los herederos, regulando entonces el Juez interviniente el 13 de mayo de 1950, que se le debía abonar $. 300 m/n.

Manzi recurrió ante la Cámara apelando dicho monto, y posteriormente ésta lo elevó hasta la suma de $. 500 m/n.

Luego de incorporarse la pericia se dictó la declaratoria de herederos el 29 de mayo de 1950, declarando a la esposa de Enrique José Arolas y al hijo natural de éste, “en cuanto a los bienes propios y que existen…”,   como únicos herederos, y “a quienes se les confiere la posesión de la herencia”.

Finalmente, luego de ser practicada la liquidación de los derechos de Eduardo Arolas a la fecha de su muerte, el importe que le correspondió a cada uno de los dos herederos se fijó en la suma de $. 7.125,00 m/n, luego de deducido el impuesto respectivo.

 

 

(1) Si bien la partida de defunción no consigna las causales de la muerte, algunos biógrafos indican que Arolas falleció a causa del alcohol y por problemas respiratorios (tuberculosis); mientras que otros presuponen que su muerte, ocurrida en un hospital, fue a consecuencia de una pelea.

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