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Para injuriar no había límites

Federico Sabalette
Federico Sabalette
9 Minutos de lectura

por Pedro Guillermo Sabalette

 

En el Diario La Patria de nuestra ciudad del 7 de noviembre de 1893 -cuyo director y fundador era don Santiago R. Pilotto-, se publicaron dos avisos que originarían una querella que tramitó ante el Juzgado de Paz de Dolores, e involucró a quien era a su vez responsable de otro diario también local, hecho que en su trasfondo escondía en el denunciante un despido y la pretensión del denunciado de cobrar por el alquiler de una pieza.

Uno de dichos avios, el que llevaba firma decía: “Juan Mas. Este individuo salido hace poco de la cárcel de Dolores, donde estuvo cerca de cinco años acusado del delito más inmundo y asqueroso que se halla podido inventar, ha pretendido o pretende echar una mancha sobre mi honorabilidad, sin duda por ver si me desmando y me saca un par de miles de pesos como al señor Dulau. A mal puerto ha ido por agua.

Los individuos de la calaña de Juan Mas, no pueden mancharme por más que su baba asquerosa salpique mi ropa momentáneamente.

La Justicia tomará participación en el asunto y 70 ú 80 cartas escritas de puño y letra del desgraciado individuo de que me ocupo y que iré publicando una a una, harán suficiente luz para que el público que ya nos conoce bastante a los dos, sepa distinguirnos y darnos el lugar que nos corresponde en su seno. F. Ganduglia”.

El otro aviso, no menos virulento, decía: “A Juan Mas. Primera invitación. Si no quieres que los demonios te lleven en cuerpo y alma a darte un baño en el plomo derretido que tienen preparado en el infierno para los infames desagradecidos, se te pide pases por la casa de don Francisco Ganduglia y la de su hijo Francisco, a darle siquiera las gracias, al primero por su hospitalidad y comida que te ha dado durante dos meses ó más, cuando todos te despreciaban y te negaban hasta un rincón donde poder ocultar tu asquerosa humanidad, y al segundo a abonarle la letra de 140 ps. que te ha pagado en el Banco de la Nación hace como tres años, y a más otros trabajos”.

Como era de suponer a los pocos días Juan Más encomendó a una persona para que lo representara en todos sus derechos ante Juzgado de Paz de Dolores, cuyo Juez era el Sr. Riva, para que Leonardo J. Gonzáles “entable y siga hasta su total tramitación las pertinentes acciones por calumnias, injurias y amenazas que me ha inferido don Francisco Ganduglia, como así también para que demande y perciba las cantidades que se me deben abonar por los daños y perjuicios ocasionados por lo interpuesto”.

El 1º de diciembre de ese año Gonzáles se apersonó ante el Juzgado -ubicado en la calle Del Plata nº 22 de nuestra ciudad-, acompañando el Diario La Patria con las publicaciones, considerando que ellas “habían perjudicado a su mandante” por lo que pedía la “correspondiente reparación”, y le solicitaba al Juez “se sirva mandar a Juan Centeno, escritor responsable del diario, domiciliado en la calle Buenos Aires, redacción del diario, a fin de que comparezca y diga quien es el autor responsable de las publicaciones”.

A los pocos días el Juez consideró entablada la “acción correccional contra el autor que resulte de dos solicitadas que aparecen en el diario local La Patria”, y resolvió citar al editor responsable de la publicación.

El mencionado Centeno se presentó con una nota y dijo que el autor de lo publicado era Francisco Ganduglia, “según consta en los originales que exhibe”, los cuales “no entrego para evitar las responsabilidades que en otro caso pudiera tener”.

Juan Mas agregó posteriormente un escrito con antecedentes del caso, donde decía que “al salir absuelto de culpa y cargo de la cárcel donde me hallé conducido por la más infame calumnia, vi al parecer amigo Francisco Ganduglia en su diario La Reforma, quien me llevó engañado a su casa prometiéndome brindarme una habitación para mi sólo, más la comida y el sueldo que se me avisó, en acuerdo con su socio para trabajar en el diario u en otros trabajos… después me alquiló una pieza en la calle Venezuela, pero pasado un tiempo y no pudiendo aguantar más el hambre y la impertinencia de Ganduglia me despedí, y desde entonces empecé a ser blanco de sus iras… también con insultos e infamias, lo que no me extrañó pues sabía por experiencia que para Francisco Ganduglia no hay persona buena ni humana, y que eso ocurriría el día que dejara de servirle”.

Relataba el querellante que Ganduglia en un mismo día había tenido dos tres actitudes que terminaron en escándalo, ya que frente “a la presencia de una multitud de chiquillos y gente, Ganduglia no cesó por más de un cuarto de hora con sus estrepitosos golpes a la ventana de mi pieza, acompañando ello con amenazas de muerte…”. “El escándalo sobrepasó toda ponderación –decía Mas en su escrito-, pues llamando al grupo de muchachones que todavía no se habían disuelto, intimándolos a que lo siguieran no dejando de insultarme en todo el trayecto hasta la comisaría -donde Mas pretendía denunciarlo-“.

Agregó y según consta en el viejo expediente, que “cuando me aprestaba a retirar de la comisaría, apareció una persona con un papel en el cuál Ganduglia me intimaba a pagar cinco pesos por el alquiler de la habitación que me había dado. Pagué los cinco pesos –dice Mas-, pero al día siguiente salió esa solicitada en el diario La Patria”.

Pero tanto en este expediente como en otros que hemos tenido oportunidad de ver, hay una característica en los responsables de los diarios de la época, la ductilidad que tenían para encontrar peros y eludir las querellas que le iniciaban- Y fue así como Ganduglia recién en julio de 1895 se presentó en el Juzgado interponiendo una excepción a la acción que se le había iniciado, ya que consideraba que el poder que Mas le había dado a Leonardo J. Gonzáles para representarlo no tenía valor jurídico por no haber sido otorgado ante escribano publico.

González contestó rápidamente, diciendo que lo que sostenía Ganduglia se refería a lo que determinaba el Código Civil, pero que en nada ello tenía que ver con esta causa penal, “toda vez que en el caso concurrente no se trata de legalizar un contrato o un acto jurídico, si no de ser un documento privado que pasó a ser documento público desde el momento que el Juzgado le otorgó validez”, agregando, que para “acreditar de modo más concluyente la impertinente y absurda excepción opuesta en este juicio, es oportuno que se traigan las actuaciones caratuladas Mas contra Santiago Ganduglia por cobro de pesos…” en donde éste último “utilizó un instrumento análogo al que ahora cuestiona”.

Digamos que desde allí y como en otros casos la causa entró en una etapa de tinieblas, ya que no existe ninguna actuación en uno u otro sentido, y seguramente Mas no habrá podido avanzar “contra los molinos de viento”, durmiendo su querella hasta que ahora y gracias a las responsables del Archivo Judicial de Dolores, la pudimos rescatar aunque más no sea como un hecho anecdótico.

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