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La Farmacia Marasco cumple 50 años al servicio de la comunidad

Federico Sabalette
Federico Sabalette
11 Minutos de lectura

Hace 50 años, un 25 de julio de 1973, en el tradicional local de calle Buenos Aires abría sus puertas una nueva farmacia, “Argüelles”, apellido de la farmacéutica que estaba a su frente, siendo sus propietarios Omar Osvaldo Marasco y Cayetano Catera.

Al cumplirse este especial aniversario y en razón de lo que significa la “Farmacia Marasco” para nuestra comunidad, charlamos con Valeria Marasco, su farmacéutica y propietaria, a quien le pedimos nos contara lo que recuerda o sabe de los inicios y trayectoria en estas cinco décadas al servicio de la salud en Dolores.

Marasco nos recordaba especialmente a su padre, de quien decía que era “ciudadano de la provincia de Buenos Aires, del Conurbano, de José C. Paz, quien en un verano que visitó Santa Teresita conoció a mi mamá. Fue amor a primera vista, en menos de un año se casaron. Después formó una linda familia, lo que fue su orgullo. Los dos nacimos en Capital, mi hermano Federico y yo, y papá antes de los dos años convenció a mamá de venir a vivir a Dolores. Él eligió nuestra ciudad para desarrollarse y formar su familia. Mamá no quería, quería quedarse en Buenos Aires donde ella ejercía la docencia, pero papá insistió y bueno, nos vinimos todos a vivir a Dolores.

 

  • Recordamos a su padre trabajando en la droguería Santa Rosa, que en la década del 60 funcionaba acá en Dolores…

Claro, papá trabajaba junto a Cayetano Catera en droguería, todavía viviendo en Buenos Aires. Y ni bien se radicó acá, siguió en la droguería un tiempo más, decidiendo ambos formar lo que primeramente se llamó “Farmacia Argüelles”, con una farmacéutica de La Plata, María del Carmen Argüelles. Pero a los dos años de haber iniciado la Farmacia ambos decidieron tomar caminos separados, cada uno tener su propia farmacia. Cayetano volvió a La Plata y abrió su farmacia, la que es hoy “Farmacia Ojeda”. Luego con Juan Catera, que también estaba formando parte del proyecto de la droguería, abrió su propia farmacia, que es “Farmacia Speroni”.

  • ¿Qué le contó su papá de aquellos años, qué recuerdos tiene usted?

La verdad que papá luchó mucho. Yo tenía un poco menos de dos años cuando él, junto a Cayetano, fundó la farmacia. Y todo lo que sé es por haberlo vivido adentro de la farmacia. En esa época se hacían turnos semanales, así que vivíamos adentro de la farmacia. Realmente hizo un sacrificio muy grande, pero amaba lo que hacía. Él era un hombre muy bondadoso, le gustaba, amaba, poder ayudar a la gente, poder darles los medicamentos, que no les faltara nada. Si no lo tenía lo conseguía de donde sea, quizá por esos mismos contactos que tenía como droguero. Lo que me quedó es el respeto de tantas instituciones y de tantas empresas enormes hacía él. La droguería más grande de Sudamérica, que es Droguería del Sud, lo tuvo como uno de sus primeros clientes. Por eso lo valoró, lo cuidó, lo respaldó en las épocas de muchas crisis, que hubo muchas. Por eso el orgullo y el honor de que hoy cumplamos 50 años. Una fecha que él esperaba, que lamentablemente le faltó poquito para estar físicamente acá, en este aniversario. Pero sabemos que está, no tan lejos como parece desde acá en la tierra, se lo siente mucho más cerca. Así que sé que está celebrando con nosotros.

 

  • ¿Cómo lo ve en el recuerdo, está presente en la Farmacia?

Por supuesto. Porque él atendía el mostrador, atendía las necesidades de la gente. Todo el tiempo lo tenemos, todos los días, no solamente hoy que es un momento especial. Yo me recibí hace 25 años, casualmente antes de ayer los cumplí. La Farmacia a los dos días cumplía sus bodas de plata, y papá siguió unos 10 años más, pero ya no yendo tanto, lo hacía con intermitencias. Se dedicó a disfrutar un poco la vida, a viajar un poco. Y a visitarnos, estar un rato a la mañana, un rato a la tarde mientras su salud se lo permitía. Estaba con nosotros ahí y hoy aún más.

 

  • ¿Apoyando y aportando ideas?

Sí. Fue el primero que puso computadora acá en Dolores, cuando recién salió la computadora informatizó la farmacia, nos lo recordaba cuando estábamos atendiendo y él enseguida nos decía: “F1, enter, cuenta corriente y así”. Está todo el tiempo con nosotros. Era muy inquieto, ansioso e inquieto, fue un luchador, un maestro. Nos enseñó a todos, no sólo a atender la Farmacia sino a contemplar las necesidades de la gente, también nos enseñó los mejores valores. Y digo nos enseñó, porque nos enseñó no sólo a sus hijos sino también a sus empleados, a los que consideró siempre su familia, sus hijos. Y bueno, se hizo querer mucho, para siempre.

 

  • ¿Esos empleados continúan?

Algunos dejaron, cambiaron de trabajo, consiguieron trabajo en el Servicio Penitenciario, otros se fueron de Dolores, pero los de siempre están todavía.

 

  • ¿A quiénes recuerda?

Partió Cristina de la Cruz, Liliana Lanfranchi dejó, Mauricio Bellino, trabaja enfrente. Bueno, no me quiero olvidar de nadie, pero hubo unos cuantos. García, que después se fue a la “Farmacia Pantaleón”, pero siempre estuvo presente con nosotros y sigue estando, él y su familia. Y bueno, algunos chicos que trabajaban en los envíos a domicilio, siguen estando Cachi Muñoz, Fabio Díaz, esos son los que yo siempre digo desde siempre y para siempre.

 

  • ¿La Farmacia pasó a llamarse Marasco desde que usted se recibió?

Cuando yo me recibí papá la puso a nombre mío y empezó a llamarse “Farmacia Marasco”, porque siempre lleva el nombre del farmacéutico, siguió así en manos de la familia, la dirección técnica mía.

 

  • Hoy hacen 50 años de aquella fundación, hace 25 años que usted está al frente. ¿Cómo la siente, es mucho más que un comercio?

La farmacia es un servicio de utilidad pública. Yo aprendí a amar la profesión en cada día que estuve en la Farmacia, desde pequeña, desde el primario. Mi padre a veces me decía que podía haber elegido una profesión también referida a la salud pero no en la farmacia, porque él sabía que era muy esclavizante, que para una mujer era muy difícil. Que iba a elegir lo que casi toda mujer quiere, formar una familia y tener hijos. Y no se equivocó. En la farmacia he dejado todos los mejores años de mi vida, pero no me arrepiento, es mi orgullo. Mi único propósito es siempre estar, no defraudarlo, tratar de estar a la altura de todo lo que hizo mi papá. No defraudar a la gente con la que siempre compartimos todos estos años, que nos han acompañado, que nos han brindado su confianza. Y bueno, poder seguir brindando este mismo servicio cada día y ojalá que por 50 años más, por lo menos.

  • ¿Es su deseo que la farmacia siga siendo familiar?

Sí, por supuesto. Tiene que ser una farmacia unipersonal, tiene que ser una farmacia de barrio, tiene que ser una farmacia comunitaria. Y bueno, espero que podamos mantenernos así. Cada vez la situación es más difícil. Papá pasó por muchas crisis muy, muy grandes y siempre se sobrepuso, siempre la pudo sacar adelante. Y esa es otra de las enseñanzas, que luchando siempre se puede.

 

  • Recién dijo como al pasar pero es una realidad. ¿La Farmacia Marasco es una farmacia de barrio?

Sí, sí, y por eso también mi lucha por defender la Ley del Ejercicio Profesional, que más que nada es por eso, porque la ley tiene un espíritu sanitarista, la ley tiene por propósito que el medicamento tenga o sea de libre acceso, que no se tenga que recorrer muchas distancias o gastar dinero para poder llegar a una farmacia. Que el uso del medicamento sea algo más simple, porque toda persona que viene a una farmacia es porque está atravesando un problema de salud y como farmacéuticos debemos facilitarles el acceso al medicamento lo más simple posible. Por eso el tema de la distribución racional de farmacias y que la farmacia esté cerca de la gente, no que la gente tenga que acercarse a una farmacia.

 

  • Así fue la idea su padre cuando la fundó en ese lugar, ¿no?

Claro, tal cual. En esa época no estaba la ley y si quería podía ponerla en el centro de la ciudad. Pero él quiso hacer su farmacia en un barrio para que estuviera cerca de la gente.

 

  • ¿Algo que desee agregar?

Agradecer por poder contarle a la gente la historia de mi papá y de mi mamá también, ella desde su lugar lo ayudó muchísimo, trabajando como docente en los momentos más difíciles hizo su aporte cuidándonos a nosotros mientras él viajaba, cuando estaba en la droguería o cuando se tenía que quedar en la farmacia. Mi mamá tiene mucho que ver en todo esto también.

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